El encuentro comenzó antes de que la función comenzara. En Cinépolis de Plaza Satélite, el ambiente era inicialmente tranquilo, pero poco a poco comenzaron a llegar ATINYs. Una, otra y otra más, hasta que el lobby se fue llenando de lightinys, accesorios, conversaciones sobre bias y pequeños freebies que viajaban de fan a fan. Yo llevaba conmigo un carholder de MinGi y mi peluche de bbyongMING, no hacía falta mucho más para sentirse parte del fandom.
Aunque ellos no estaban físicamente frente a nosotros, la experiencia consiguió convertir la pantalla en un punto de encuentro. ATEEZ: LIGHT THE WAY IN CINEMAS no se limita a llevar una presentación a un formato cinematográfico: construye una experiencia alrededor del vínculo entre ATEEZ y ATINY, y muestra cuánto trabajo existe detrás de aquello que finalmente llega a los fans.
Para quienes ya habíamos vivido la experiencia VR, el inicio de LIGHT THE WAY no era completamente desconocido. La historia parte de una premisa sencilla, pero significativa: ATINY ha desaparecido y ATEEZ emprende una búsqueda para encontrarla. Más que funcionar como un recurso narrativo, esta idea establece desde el principio quién ocupa el centro de la experiencia. El fandom no es únicamente el público que observa desde fuera. ATINY forma parte de la historia que ATEEZ está intentando completar.
Y si hay algo que demuestra que la experiencia funciona también en una sala de cine convencional, es Wake Up. Su presentación adquiere una energía distinta en este formato, demostrando que LIGHT THE WAY no depende exclusivamente de la inmersión del VR para generar impacto.
Entre las actuaciones que más disfruté estuvieron “Cyberpunk”, “Inception” y “Mist”, aunque hubo varios momentos capaces de robarse la atención. Mingi, Hongjoong, San y Yeosang fueron particularmente memorables para mí, pero los ocho integrantes demostraron una vez más el nivel de presencia escénica que caracteriza a ATEEZ. Las coreografías más intensas provocaron gritos inevitables en la sala, mientras que las canciones más energéticas hicieron que ATINY cantara el fanchant como si la pantalla fuera el escenario.
Entre gritos, comentarios y risas, quedó claro que había escenas que podían convertir una sala de cine en algo bastante parecido a una sección de concierto. Al salir, Cinepolis nos dio photocards de regalo; las fans hablaban de cual de los chicos les toco, entre intercambios y comentarios, todos coincidíamos en varios puntos: la calidad de la presentación, el atractivo de ATEEZ y, por supuesto, una actuación de San que difícilmente iba a pasar desapercibida a los ojos de toda la sala.

Sin embargo, fue el detrás de cámaras lo que terminó dándole otra dimensión a todo lo anterior.
Ver el resultado final y después observar cómo se construyeron algunas de esas escenas permite comprender que la espectacularidad que vemos en pantalla es solamente la última capa de un proceso mucho más complejo. El equipo trabajó con espacios de grabación reducidos, pantallas verdes y cámaras de VR diferentes a las utilizadas habitualmente. A esto se suma la cantidad de personas involucradas en la producción, trabajando alrededor de un espacio relativamente pequeño.
Pero quizá lo más sorprendente fue observar a los propios integrantes enfrentándose a esas condiciones.
Algunas escenas tuvieron que realizarse sin música, confiando únicamente en la memoria que los integrantes tienen de sus propias coreografías y armonías. Verlos coordinarse de esa manera permite dimensionar la experiencia que han acumulado después de tantos años trabajando juntos. No solamente tenían que ejecutar las coreografías, sino hacerlo dentro de un formato diferente, frente a cámaras diferentes y en circunstancias que exigían una coordinación precisa en un tiempo bastante corto.
También resulta curioso descubrir cuánto puede cambiar una escena entre el momento de la grabación y el resultado final. El maquillaje de heridas, los planos, la preparación y todos los elementos que intervienen antes de que comience una canción terminan transformándose en una secuencia que, una vez editada, parece completamente distinta.
Fue especialmente significativo escuchar a Seonghwa hablar sobre el tiempo de producción. Saber que parte de este trabajo se realizó en apenas media semana resulta sorprendente cuando se observa el nivel de detalle que termina teniendo el resultado.

Y precisamente ahí LIGHT THE WAY consigue mostrar algo que normalmente permanece fuera de cámara: el esfuerzo detrás de la experiencia del fandom.
ATEEZ no solamente aparece en pantalla para interpretar canciones. También habla con ATINY, pregunta qué tipo de presentaciones les gustaría ver y comparte ideas sobre lo que podrían hacer en el futuro. Es una conversación que, aunque ocurre a través de una pantalla, consigue sentirse cercana. No están hablando directamente con las personas sentadas en una sala específica, pero la intención de acercarse está presente.
Esa cercanía también aparece en las escenas individuales. Cada integrante tiene la oportunidad de aportar su propia personalidad y esfuerzo a la experiencia, recordándonos que detrás de una producción colectiva también existen ocho artistas intentando ofrecer algo que esté a la altura de quienes los acompañan.
Quizá por eso las palabras de agradecimiento hacia ATINY adquieren un peso especial al final. ATEEZ reconoce el amor que recibe de sus fans, mientras que el propio material deja ver el esfuerzo de todas las personas involucradas en hacer posible el proyecto. Es una especie de intercambio: el artista ofrece su trabajo y el fandom responde con su presencia, su entusiasmo y su apoyo.
La experiencia, por supuesto, no es perfecta. Su duración puede sentirse demasiado breve, especialmente cuando la intención es sumergir al espectador en un proyecto de esta naturaleza. El uso abundante de pantalla verde también puede resultar en que la escena se vuelva plana sin la presencia de los chicos. Sin embargo, conocer las condiciones de producción, el tiempo limitado y las particularidades del formato VR permite entender mejor esas decisiones. Más que restarle valor a la experiencia, conocer el proceso hace que algunas de sus limitaciones sean más comprensibles.
Y cuando finalmente llega la despedida, LIGHT THE WAY vuelve a su punto de partida.
Después de “BOUNCY (K-HOT CHILLI PEPPERS)”, los integrantes se reúnen frente a la cámara para despedirse de ATINY. Sonríen, hacen corazones y permanecen unos instantes frente a quienes los están observando.
En una experiencia que habla constantemente sobre encontrar a ATINY, ese último momento funciona casi como una respuesta. ATEEZ y ATINY quizá no compartan el mismo espacio físico, pero durante la proyección sí compartieron algo más difícil de medir: una experiencia construida específicamente para encontrarse a mitad del camino.
Salir del cine después de LIGHT THE WAY no solo deja el recuerdo de grandes actuaciones, coreografías que provocaron gritos y una sala llena de ATINYs. También deja la sensación de haber visto un poco más allá del escenario.
Porque esta vez no solo vimos lo que ATEEZ preparó para sus fans. También pudimos ver cuánto trabajo hubo detrás para hacerlo posible.
Y quizá ahí está la verdadera luz que deja LIGHT THE WAY: en recordar que detrás de cada presentación existe un esfuerzo, y detrás de ese esfuerzo existe una intención clara de acercarse a quienes han decidido caminar junto a ellos.






